domingo, 29 de noviembre de 2015

Reseñando libros: Adiós a las armas, o sobre la guerra y el amor.

Holaa!! Ha sido un caluroso día domingo en Santiago de Chile, así que recién ahora que está cayendo la tarde y algo de viento fresquito hay en el ambiente, me animo a escribir la reseña del libro que terminé de leer tan sólo ayer. Advierto desde ya: no es un libro que amé, por lo que la inmediatez con la que necesito hacer esta reseña obedece más bien a la cierta confusión de impresiones que me dejó su lectura, antes que la intensidad de tales impresiones, y dado por lo demás su carácter de clásico universal de la literatura.

Otra advertencia: “Adiós a las armas”, que es el libro que estoy por reseñar, es obra del autor norteamericano Ernest Hemingway, quien debe ser uno de los autores de esa nacionalidad más importantes, influyentes, y conocidos del siglo XX, quien formó escuela y fue todo un personaje en la historia de la primera mitad de siglo. Quien haya leído alguna de mis reseñas literarias anteriores sabrá que la literatura norteamericana no es de mis favoritas, de hecho me cuesta mucho “enganchar” con los libros que he leído de autores de esa nacionalidad, y Adiós a las armas no fue una excepción en cuanto a esta dificultad. Pero como esto puede que sea sólo una prejuicio personal, les pido leer la reseña teniendo presente justamente que la opinión que me formé del libro está muy influenciada por esta idea preconcebida que tengo de la literatura norteamericana. Bien, sin más preámbulo, vamos a lo que nos convoca.

Reseña: Durante algún momento de la Primera Guerra Mundial, el ciudadano norteamericano Frederic Henry se enrola voluntariamente en el ejército italiano, donde alcanza el grado de Teniente, encargado de una flota de ambulancias que acompañan al ejército en sus incursiones en las montañas, durante el enfrentamiento con los austríacos. A través de sus ojos y mediante su relato, vamos conociendo circunstancias muy particulares de esta Gran Guerra, la significación que tiene para los soldados comunes, las carencias y necesidades que sufren, los horrores, en definitiva, a que se enfrentan. Durante su estancia en una zona de guerra, nuestro protagonista conoce a la enfermera inglesa Catherine Barkley, con quien inicia un romance que cambiará completamente la visión indiferente que tenía previamente ante la guerra, y lo llevará a tomar decisiones que orientan su destino y el de Catherine a lo impensado. 


Comentario Personal: Lo sé, una reseña muy general y poco informativa e ilustrativa, y es que me cuesta encontrar datos más sustanciales de los que mencioné, principalmente por ser un libro escrito de forma muy descriptiva, analítica y reflexiva. Porque pese a lo que pudiera creerse, Adiós a las armas se sitúa temporalmente en la Primera Guerra Mundial, pero en absoluto intenta ser un registro de los acontecimientos históricos que transcurren durante su desarrollo. Es decir, la Gran Guerra es simplemente el telón de fondo para presentarnos la existencia del Teniente Henry, y si bien sabemos los acontecimientos que en tal contexto histórico experimenta nuestro protagonista, lo sabemos sólo a través de sus ojos y en la medida que su conocimiento se lo permiten. De ahí que logremos deducir que, al comenzar el relato, el ejército italiano avanza victorioso al encuentro de los austríacos, para luego, en algún punto de la historia, encontrarse emprendiendo la retirada. Y cómo se involucra nuestro protagonista en esta Historia? Como un simple espectador, que contra su voluntad, y en multitud de oportunidades, se ve arrastrado inevitablemente en la misma, pero sin que jamás se sienta parte.

En este punto quiero remarcar lo que señalé pocas líneas antes: el libro está narrado en una forma muy descriptiva, tanto de los personajes, los diversos escenarios por los que se mueven, así como de aspectos meramente abstractos, como los pensamientos y sensaciones que despierta la Guerra y sus circunstancias en el propio protagonista. Tiene, por otra parte, un carácter muy analítico y reflexivo: Constantemente el Teniente Henry se cuestiona y reflexiona sobre sus propios pensamientos, sus propios sentimientos ante las circunstancias que vive. Es un personaje tremendamente consciente de si mismo y del entorno en el que se desenvuelve, sin que ello lo represente como comprensivo o especialmente “humano”: él es simplemente un hombre que por alguna razón llegó a combatir por otro país en una guerra con la que no se siente comprometido, ni identificado. Ahora, es importante que este primer elemento en la vida de nuestro protagonista (me da pudor llamarlo “héroe”, tan siquiera en sentido figurado, porque en modo alguno lo es), a Guerra, se ve aplacado con la llegada a su vida de la enfermera Catherine  Barkley, que representa al amor como elemento en la vida del hombre. Qué clase de amor, es algo que queda a criterio del lector,que lo podrá percibir como una amor carnal, pasional, o como el más profundo e intenso de los amores. Lo cierto es que guerra y amor funcionan narrativamente como elementos complementarios, y en cierto punto de la historia contrapuestos, de las vivencias  de nuestro protagonista. Y creo que, en toda la historia de la literatura, la guerra y el amor han de ser los motivos más poderosos que han sido utilizados.

Debo decir que mi prejuicio hacia la narrativa norteamericana se vió en cierto punto corroborada con la lectura de Adiós a las armas: los personajes, especialmente los protagonistas, se advierten inmersos en una suerte de indiferencia y desprecio hacia la vida. La sensación constante de pesimismo (aún en el contexto de una guerra) que, al menos yo sentí al leer sus páginas, refuerzan también esta idea. Y qué decir de la forma narrativa: en primera persona, pero de una manera tan plana y sin casi expresarse relieves, que bien podríamos estar leyendo un reporte del clima. Tiene, por otra parte, un ritmo muy pausado, que vuelve difícil y densa la lectura en ciertos pasajes, por lo que no es sino hasta que se termina el libro que se logra recapitular todo lo leído y extraer (o no) el sentido general que quiso manifestar el autor.

Me gustó el libro? Lamentablemente no. Es decir, no me arrepiento de haberlo leído porque al menos me hice una idea del tipo de escritura que ha hecho tan universalmente conocido (admirado u odiado) a Ernest Hemingway, con otras obras como El viejo y el mar, o Por quien doblan las campanas. Pero definitivamente no leería otro libro de él, al menos no en el mediano plazo.

Pero debo destacar también lo positivo: la construcción de los personajes está muy bien lograda, sobretodo en términos psiccológicos. Tenemos un mejor retrato de este tipo que uno físico, y ello contribuye a la profundidad que advertimos en los personajes. Muchos de ellos transitan entre los pasajes de la locura, la cobardía, y lo más profundo de la naturaleza humana, lo que siempre es interesante y grato de leer.

Leyendo un poco de la biografía del autor para escribir esta reseña, me hice una idea de la razón por la que sus letras me parecieron tan oscuras y pesimistas: Hemingway efectivamente combatió en la Primera Guerra Mundial por Italia, teniendo el mismo grado que el protagonista, y pese a que fue pronto gravemente herido, es probable que se haya basado en sus propias experiencias para construir el personaje de Frederic Henry. Hemingway fue luego corresponsal durante la Guerra Civil Española, y durante la Segunda Guerra Mundial, llegando a presenciar el desembarco en Normandía, y la liberación de París. Galardonado oportunamente con los premios Pulitzer y Nobel de Literatura, puso fin a sus días cometiendo suicidio, poniendo el broche de oro, de esta forma, a su ya forjada fama de escritor maldito. 


Bien, esa ha sido la reseña literaria de hoy. Imagino que si llegaron a este punto, es porque lograron leerla al completo, y se los agradezco mucho! Porque vaya que me costó dar con las palabras precisas para manifestar las impresiones que dejó en mí el libro. Ya leyeron este libro?, les interesa hacerlo?, se desmotivaron con mi reseña?, me cuentan!.      


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