sábado, 23 de mayo de 2015

Recomendando libros: Tess, una mujer pura.


Hoy, para variar un poco de lo que nos reúne habitualmente por aquí (kdramas, doramas, dramalandia en general), y después de un tiempo que me ha parecido una eternidad, traigo al fin una nueva reseña de libro, el último que leí y que rompió un poco mi corazón. La verdad mi disciplina lectora ha estado bastante relajada este año, lo cual no me gusta en lo absoluto: apenas he podido terminar este libro que reseñaré, y tengo ahí acumulando un poco de polvo “Casa Desolada” de Charles Dickens (que se me ha hecho algo eterno con sus más de 1000 páginas) que lo hojeo cuando estoy con disposición de ánimo para densidades, y mis viajes en metro al trabajo están siendo amenizados por El pasillo de la muerte, de Stephen King, que se ha convertido en mi nuevo escritor-obsesión después de haber sufrido con Misery. Lo sé, gustos muy diversos, pero esa es la maravilla de la lectura!.
Edición en español, una portada horrible para una obra maravillosa.
En fin, ya de regreso a la reseña de hoy, el libro en cuestión es Tess: Una mujer pura (traducida más comúnmente como Tess: la de los D’Urbervilles), novela escrita por el británico Thomas Hardy y publicada por primera vez en Inglaterra en 1891, censurada y por entregas, debido al fuerte rechazo social recibió por la trama en que se expone un supuesto relajo de la moral sexual representado en su protagonista, Tess, frente a la rígida sociedad victoriana. Pese a todo esta controversia inicial, el tiempo convirtió a esta novela en una de las más importantes de su autor, y acaso uno de los clásicos de la literatura inglesa, siendo adaptada a la ópera, al cine en al menos 5 oportunidades, siendo la más famosa de dichas adaptaciones la realizada por Roman Polanski en 1979, protagonizada por Natasha Kinski (y disponible en Netflix, para llos interesados), y a la televisión en 4 oportunidades, la última de ellas adaptación de la BBC protagonizada por Eddye Reydmans (el flamante ganador del Oscar a mejor actor este año) y Gemma Arterton en 2008. Bien, esto a grandes rasgos son los datos tras Tess. Ahora, vamos por el fondo:
Tess, de 1979, la adaptación hecha por Roman Polanski y la más célebre.
RESEÑA: Tess Durberfield es una joven de 16 años, la mayor de los siete hijos de un matrimonio labrador empobrecido del valle de Blackmoor, en el sur de la Inglaterra rural y profunda, alejada aun de la Revolución Industrial. Tanto el padre como la madre se han dado a la bebida, y lo poco que logran obtener de la tierra que labran les alcanza acaso para el pago del arriendo del predio y para comer. Tess, pese a ello, vive una vida tranquila, sin esperar nada más que sobrevivir al día a día, tal y como lo ordena el tácito código de conducta de una muchacha de su posición. Cierta tarde, sin embargo, la dormida ambición despierta en su padre, y es que el párroco del pueblo donde viven le revela que su apellido, Duberfield, desciendo de un antiguo linaje venido de Francia a Inglaterra hace más de 500 años, los D’Urbevilles, quienes fueron conquistadores y poseedores de grandes dominios, así como dueños de títulos nobiliarios de caballería. John Duberfield, pese a ser informado que tales dominios y títulos han desaparecido hace mucho, se empeña en revivir la antigua gloria de sus ancestros, y para estos efectos se encarga de comunicar al pueblo entero, y para burla de ellos, que él, Sir John Duberfield y su familia, son los únicos sobrevivientes de un linaje ya extinto. Al enterarse que en un pueblo vecino hay una familia propietaria de grandes tierras apellidada D’Urbeville, no duda en enviar a su hija mayor, Tess, a reclamar el parentesco de que son titulares. Este viaje, sin embargo, cambiará la vida de su hija.

Y es que al llegar a los dominio de sus parientes putativos, Tess tiene la mala fortuna de conocer a Alec D’Urbeville, único heredero del apellido y propiedades de su rancio abolengo, cuya madre ciega vive en la más absoluta ignorancia recluida en su hogar. Alex es un vividor y disoluto, tal y como podría serlo cualquier joven de su edad y posición social… y esta liviandad en el modo de vivir lo hacen encapricharse de la joven Tess en cuanto ésta llega, embargada por la vergüenza, a reclamar su parentesco. La vida de la ingenua y pura Tess se verá, a partir de este punto, torcida sin remedio, pues lo que era una existencia tranquila se transforma en una sobrevivencia angustiosa, más aún cuando la joven carga sobre sus hombros el peso de toda su familia. La tragedia no demorará en reclamar su trono en la vida de Tess, quien para su escarnio y vergüenza, se verá repudiada por toda la sociedad en que vive. Tess cree estar destinada a la amargura, hasta que, decidida a dejar atrás su antigua vida manchada por la vergüenza, emprende nuevos rumbos y conoce a Angel Clare, un joven idealista quien trae a su vida la esperanza y alegría que había olvidado, y la hacen conocer el amor. Pero con la sombra del pasado de Tess amenazando a cada instante a caer sobre ella, será duradera esta felicidad?. Las convenciones sociales, dogmas religiosos, e ideales de moralidad imperantes en las consciencias de la época podrían ser determinantes en el curso que tomará la vida de la que una vez fue una joven e ingenua aldeana.

OPINIÓN PERSONAL: Sé que la reseña de la trama del libro no fue muy informativa, y es precisamente porque la misma, más allá de centrarse en un desarrollo de los acontecimientos entre los personajes principales, pretende situarlos en un contexto: el contexto de una sociedad que transita  entre el tradicionalismo y el dominio de la moral y la religión, y el avance desenfrenado de la modernidad sobre formas de vidas ancladas en el pasado.

Mi primer acercamiento con la historia de Tess fue hace ya algunos años, en la época en que aún veía sólo dramas británicos. Venía de ver alguna de las tantas adaptaciones literarias que abundan en la tv inglesa, y casualmente encontré esta miniserie de 3 horas de 1998, Tess of the D’Urbevilles, protagonizada por Justine Waddell, y el impacto que tuve al verla fue grande, pues me enfrentaba ante una auténtica tragedia inglesa, tan lejana del tradicional romanticismo inglés. Supe que había una novela en que se basaba, y la busqué durante mucho tiempo traducida al español, sin resultado. Luego pasó el tiempo y olvidé continuar mi búsqueda, hasta que hace algunas semanas fui a mi librería de cabecera y encontré un flamante estante lleno de ejemplares de una edición de Tess… bajo la no muy sutil publicidad de ser el libro que inspiró a E.L. James, autora de la saga de las Cincuenta Sombras de Grey. Mi alegría inicial al encontrarlo (y a un precio muy módico, debo decir) se vio pronto opacado por la rabia de que se valieran de otra obra, de mucho menor valor literario, para publicitar un clásico de la literatura universal. En fin, que las estrategias de mercado causan el oprobio aún de los grandes clásicos de la literatura.

Bueno, pasada mi rabia inicial, pude al fin disfrutar la lectura que tanto había esperado… cumplió mis expectativas? Las superó con creces. Si bien la miniserie que vi lograba plasmar con certeza el ánimo trágico que gobierna las páginas de Tess, el libro va mucho más allá de tomar a Tess como la heroína trágica que esperamos: Tess es un elemento de la naturaleza, un ser que de cierta forma nace de la tierra y cuya vida parece casualmente dirigida por los cambios que experimenta la naturaleza. Creo que es la mejor analogía que el autor pudo realizar: la Tess que conocemos al principio, pura e inocente como un fruto que nace de la tierra, se ve luego corrompido por pasiones irrefrenables de otros quienes han roto cualquier vínculo con la tierra si es que alguna vez lo tuvieron, y se ven enceguecidos por las atracciones de la modernidad.

Es importante la insinuación constante que efectúa el autor al avance sin retorno de la modernidad sobre la naturaleza entregada al hombre: muchos capítulos del libro comienzan relatando o describiendo el proceso de vida que se obtiene de la tierra, escenas como el trabajo de la siega del trigo a que Tess debe dedicarse una vez que retorna a su hogar, la recolección de los huevos en los gallineros, se contraponen a los trabajos que posteriormente realiza, como la ordeña en la vaquería en que conoce a Angel, en donde ésta ha implementado modernos sistemas de ordeña, y más claramente aún con las máquinas agrícolas con que el trabajo del hombre ha sido reemplazado. De esta forma, al tiempo que seguimos los infortunios de Tess, el autor nos permite conocer el encuentro entre el primitivo mundo rural y los progresos de la modernidad.

Por otra parte, el libro tiene un componente de análisis moral muy fuerte: como ya he mencionado, las convenciones sociales son determinantes en el rumbo que toma la vida de Tess, no por una agresión directa en su contra, sino por ser la forma socialmente aceptada para regular la conducta de sus miembros. Los ideales de moralidad y pureza en los hombres son justamente las máximas de vida de Angel Clare, el hombre que representa para Tess el motivo de vivir decentemente su vida. De esta forma, una y otra vez la vida de Tess se ve torcida al caer, aún contra su voluntad, en la transgresión del orden social de su comunidad. La moralidad y el apego a dogmas religiosos socialmente representados son los mecanismos para reconocer en los otros a sus iguales.

Ya lo he dicho, Tess es la tragedia de una muchacha, de su camino entre la inocencia y pureza inicial al resentimiento y amargura que en algún momento se apoderan de ella. Alec D’Urberville y Angel Clare, si bien son personajes cruciales en su vida, son sólo eso, personajes cuya razón de ser sólo se justifica en función de Tess, pese a ser ambos conocedores del mundo, en ella encuentran el punto de inflexión de sus vidas.

En definitiva, recomiendo muchísimo este libro. Es la primera obra que leo de Thomas Hardy, quien pese a ser uno de los principales escritores de la Inglaterra victoriana, ha llegado a nuestros días siendo mucho menos conocidos que otros portentos de la literatura inglesa decimonónica, como Dickens o Willkie Collins. Pero el estilo literario de Hardy me ha fascinado… me atrevo a decir que, pese a su origen, se asemeja más al naturalismo francés que al realismo inglés decimonónico. En suma, un libro intenso y sensible a partes iguales, triste y esperanzador a la vez. Desde sus primeras páginas sabemos que estamos ante una tragedia, y ello tal vez haga que con mayor angustia sigamos los acontecimientos presentados por el autor, enmarcados por esa atmósfera de inmensidad de la naturaleza que tan vívidamente sentimos.