Hola nuevamente queridos lectores, y
gracias a quienes se dan el tiempito de pasar por aquí. Espero que sepan que pese a mi falta de
constancia en publicar, este rinconcito sigue siendo una parte muy importante
de lo que me gusta compartir con el mundo (virtual se entiende), y saber que
hay personas interesadas en lo que escribo, y más importante aún, interesadas
en aquello sobre lo que escribo, pues es el aliento que me basta para seguir
escribiendo aunque sea ocasionalmente. Y
bueno, estoy de vacaciones desde el pasado viernes, así que aprovecharé al
máximo los días que tengo para hacer todo lo que quiero y no puedo por culpa de
la rutina, y eso en orden de relevancia para efectos del blog se traduce en: leer,
ver dramas, ver películas, visitar bibliotecas o librerías.
Y bueno, sobre la lectura me siento
bastante satisfecha de mis resultados este año pese a la falta de tiempo que
siempre uso como excusa, pues a la fecha llevo leídos 16 libros de mi meta a
fin de año que son 24. He tenido la fortuna de toparme con muy buenos libros:
alguno obra maestra elevado de inmediato a mi altar personal de la literatura
(Ensayo sobre la ceguera), otros que me reprocho cada día por qué no los leí
antes (Los reyes malditos, terminé el libro II de los VII que completan la
saga), y otros clásicos indispensables que me alivia haber leído al fin
(Crónicas Marcianas, El extranjero). Pero hay una categoría especial entre esos
libros que he leído, que son las sorpresas inesperadas: aquellos a cuyas páginas
me asomé por mera curiosidad, sin expectativa de ningún tipo, y que me
atraparon al instante, dejándome con las emociones a mil y obligada a leer
capítulo tras capítulo, casi sin pausa. Y en este apartado, Eleanor y Park de
Rainbow Rowell se lleva el premio mayor. 